El 6 de noviembre de 2012, el entonces empresario Donald J. Trump a través de su cuenta de Twitter dijo: “El concepto del calentamiento global fue creado por y para los chinos con el fin de hacer la producción de E.U. no competitiva”. El ahora presidente de Estados Unidos no ha dejado de expresarse sobre el tema, cuestionando siempre la postura catastrofista. No sorprende, siguiendo esto, que en su administración se modifique la política relacionada con la mitigación de emisiones de dióxido de carbono, alejándose de los Acuerdos de París y la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

Se equivocó Trump al señalar a los chinos como creadores del concepto del calentamiento global.

La relación entre el incremento del dióxido de carbono atmosférico y un posible aumento de la temperatura se planteó a finales del siglo XIX por el sueco Svante Arrhenius y el estadounidense Thomas Chamberlin. Sólo hasta mediados del siglo XX esto comenzó a recibir más atención, destacando el trabajo del inglés Guy Callendar, el canadiense Gilbert Plass y los estadounidenses Roger Revelle y Hans Suess. Ningún chino.

Ahora bien, a pesar de la bibliografía científica existente en la década de 1960, el posible aumento de la temperatura de la Tierra no fue un tema central en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, celebrada en Estocolmo en 1972, cuyo objetivo fue analizar el deterioro del planeta por los efectos de la industrialización y recomendar acciones para superar la crisis. Es a mediados de la década de 1980 cuando el tema del calentamiento global se discute más ampliamente, quedando establecido como una prioridad en Nuestro futuro común (1987), informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CMMAD), donde se menciona la gran probabilidad de un cambio de clima debido a la emisión de gases en la atmósfera, en particular el dióxido de carbono producto de la quema de combustibles fósiles.

La información que presenta la CMMAD sobre el problema la tomó del reporte de la Conferencia Internacional sobre la Evaluación del Dióxido de Carbono y Otros Gases de Efecto Inver­nadero en las Variaciones Climáticas e Impactos Asociados, celebrada en Villach, Austria, en 1985. Tanto el informe de la CMMAD como la Conferencia de Villach se apoyaron en diversos estudios, entre ellos dos publicados en Estados Unidos en 1983: Can We Delay a Greenhouse Warming?, patrocinado por la Agencia de Protección Ambiental, y Changing Climate, preparado por un comité del Consejo de Investigación de la Academia Nacional de Ciencias.

Así, detrás de la construcción científica y política del calentamiento global hubo más estadounidenses que chinos. Más aún, detrás del concepto del calentamiento global catastrófico también destaca la influencia de otro estadounidense: James Hansen, exdirector del Instituto Goddard para Estudios Espaciales de la NASA.

No obstante, debe añadirse que, así como hay científicos estadounidenses divulgando la idea de un cambio climático catastrófico, hay otros que ponen en duda esto, explicando la importancia de la variabilidad natural del clima, determinada por factores como la actividad solar, las corrientes oceánicas (por ejemplo, El Niño, causa del dramático aumento de la temperatura global en 2015-2016) y la nubosidad, entre ellos, Fred Singer, Judith Curry y Roy Spencer. No “niegan” el cambio climático (el clima siempre cambia) ni la posibilidad de un aumento de la temperatura por una mayor cantidad de dióxido de carbono atmosférico, indican que el impacto humano en la temperatura global es mínimo ya que es regulado por la propia dinámica de los fenómenos oceánicos y atmosféricos, específicamente, las nubes. Al respecto, Spencer señala lo difícil que es estudiarlas debido a su formación y características: un incremento de nubes altas aumenta la temperatura, un incremento de nubes bajas la disminuye. La falta de elementos teóricos y empíricos para comprender esto fue advertida por otro científico estadounidense, el finado Joseph Smagorinsky, ya desde la década de 1970, antes de la Conferencia de Villach…

El mal informado Trump puede, paradójicamente, hacer mucho por la climatología y la comprensión de los cambios climáticos si destina fondos para el estudio de la variabilidad natural y fenómenos complejos y caóticos como las corrientes oceánicas y las nubes, iniciando de esta manera una nueva etapa, diferente a la de Obama, que se concentró en divulgar el apocalipsis climático ignorando las voces científicas disidentes: DiCaprio, no Spencer o Curry.

La ciencia no es de mayorías o consensos, si fuese así, seguiríamos con conceptos de la Baja Edad Media, siglos, por cierto, que registraron una temperatura quizá más cálida que la actual —y sin combustibles fósiles ni chinos capitalistas.

Kaernten - Winter

Imagen: Villach, Austria. Tomada de: urlaub-in-kaernten-oesterreich.de.

 

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